Inflación y Precios

Mientras esperamos el 31/3 y la respuesta de los acreedores de la deuda nacional, la bonaerense y las demás, en Noticias de Ayer seguimos hundiendo la nariz en el #InformeEspecial sobre la #Inflación. En esta entrega, metemos el dedo en los por qué de este “flagelo” siempre urgente.


Micaela, productora de la economía popular, aventura causas: “Emisión de la moneda sin respaldo, contracción de deuda externa, inversiones insuficientes y carrera entre precios y salarios”. En realidad, influyen chiquicientas cosas, porque el precio de algo se compone por de todo: los costos de producción y comercialización, los impuestos estatales vigentes, el margen de rentabilidad o ganancia.


Ordenemos el menjunje. Valentin Gruszka, comerciante textil, lo explica sencillito: “Siempre necesitas más dólares de los que podés conseguir; si el precio de ese bien (dólar) se mueve, aumentan los insumos y los precios de los productos que se referencian con esa moneda”. Es decir que, como cuenta Augusto Costa en “Todo precio es político”, aunque el dueño del garage de barrio cobra en pesos y sus costos son en pesos, si aumenta el precio de los zapatos que usa, italianos, probablemente aumente la cochera. El famoso “impulso inflacionario”.



Lo otro que decía Micaela era lo de la emisión, la impresión de papel moneda del Banco Central, la maquinita que inyecta circulante. Eduardo Julio Amorín, miembro de Tienda Consol, una cooperativa de consumo, nos advierte que un botón basta para muestra de que esa causa solita no alcanza: “Los ortodoxos suelen decir que a partir de la baja de emisión y del gasto público estatal, los precios disminuyen. Pero en la Argentina de Macri se dio algo inédito: pasó todo eso, aumentaron las tasas de interés a niveles exorbitantes, e igual la inflación fue récord.”


¿Entonces? Mejor seguimos exprimiendo neuronas. Ya tenemos la dolarización y la emisión. Y ahí nomás aparece el factor que completa el menage a trois: la concentración. Aldo Hector Lo Russo, empresario pyme metalúrgico, algo nos cuenta sobre esto desde su fábrica de Tres de Febrero: “La energía que está dolarizada te come, por supuesto. Pero la variable más descontrolada en la cadena de valor son alimentos y productos de primera necesidad; los costos de la empresa los tengo atados a eso. El problema es la concentración”. Y claro, miráte los números argentos: una empresa controla el 80% de la producción de panificados, dos empresas acaparan el 60% de las ventas de galletitas, cuatro se reparten el mercado azucarero, una abastece más del 75% de la cerveza en el país, y cuatro se dividen el 83% del mercado de productos de limpieza. Y así, el capítulo de “competencia perfecta” de Adam Smith se nos convirtió en “el festín de los formadores de precios”.


En fin, habrá que seguir discutiendo hasta gritar Eureka porque, mientras decimos todo esto, para los/as consumidores como Gisela es un parto agarrar el changuito: “Para mí $10 más el kilo de harina es la diferencia entre llegar o no a fin de mes”.

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