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"No me olvides"... Islas Malvinas

La historia no se puede cambiar, solo recordar y aprender de ella, aquel 2 de abril de 1982 se dirá que fue el inicio de un conflicto armado, que los desvaríos de una junta militar se cobró la vida de 649 militares argentinos, 255 militares británicos y tres isleños civiles, pero también le costó la vida a más de 350 excombatientes.


Hoy queremos recordar y rendir homenaje a las personas que participaron del conflicto del Atlántico Sur, recordar y nunca olvidar.


"Por los colores de mi patria doy la vida, como lo hicieron los soldados de Malvinas"


Es una estrofa de un cantito muy popular en el futbol argentino, pero en 1982 el cabo Armando Guillermo González junto al soldado Horacio Cipriano Romero, tenían una última misión de combate, traer al continente la bandera que pertenecía a la compañía A del Regimiento de Infantería 6 durante el conflicto de Malvinas.


Decretado el ceso de hostilidades, González caminaba por la noche entre los fogones encendidos por los soldados para combatir el frío de las islas, momento en que encontró una bandera argentina, hecho un bollo, era la que flameaba en el puesto comando del jefe de la compañía, González no lo pensó mucho y la guardo en un bolsillo de su campera.

 

En el primer control británico que fue en el aeropuerto, González le pide ayuda al soldado Romero para ocultarla. Romero recordó que los ingleses les quitaban todo, menos sus efectos personales, como las cartas que le habían enviado su familia, lo revisaron bien, hasta desprender la chaquetilla y bajarse los pantalones hasta las rodillas.


Como sabía que detrás venía González, y como notaba que los británicos estaban urgidos en terminar con la tarea, se las rebuscó para demorar su requisa para impacientarlos, vació sus bolsillos, abría las cartas, se las mostraba detalladamente a los ingleses, todo lo que fuese posible para fastidiar una requisa detallada, el objetivo principal era lograr que el cabo pase el control con la insignia patria.


González y Romero subieron al Bahía Paraíso, buque hospital que los traería de regreso a ellos y otros tantos soldados más al continente, cuando se reencontró con sus compañeros, mostró la bandera y entre el griterío general, sobresalió el vozarrón del sargento Luis Rodolfo Coronel: “¡Bien cabo, viva la Patria, carajo!”.



Julio Rubén Cao, el único docente caído en el conflicto bélico.


Julio Rubén Cao era maestro de la Escuela 32 de Gregorio de Laferrere. Estaba esperando una hija con su mujer Clara Barrios. Quería ser padre y soñaba con una familia numerosa.


La Guerra de Malvinas lo encontró enseñando. Tenía 21 años cuando le comunicó a su familia la decisión de ir a combatir a las Islas. Partió el 12 de abril de 1982 hacia Puerto Argentino Junto al Regimiento de Infantería Mecanizado N° 3 del Ejército.


Julio nunca volvió. Cayó en batalla el 14 de junio de 1982. Nunca pudo conocer a su hija, que nació en agosto, dos meses después de terminado el conflicto bélico. La bautizaron María Julia, en honor a su padre.


Antes de caer, Cao le escribió una carta a sus alumnos:


A mis queridos alumnos de 3ro D:

No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: Defender la Bandera.

Espero que ustedes no se preocupen mucho por mi porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas.

Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder.

Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes.

Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña. Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes. Julio"


Hasta 2018, su cuerpo permaneció enterrado como un NN, bajo una placa que rezaba “Soldado argentino sólo conocido por Dios”. Hoy, la escuela en donde enseñaba, lleva su nombre.




Tom, el único perro civil que llegó a las Malvinas.


Todo empezó de golpe en una localidad del centro de la provincia de Buenos Aires, en Junín, en un cuartel donde a un Cabo, el Cabo Liborio, de repente le dicen “junte todo, ropa de abrigo que nos vamos para Buenos Aires, que después vamos a ir para el sur”.


Tomé un gran manojo de camperas y me dirigí a la carrera, pero se me cruzó un perro de la base que habíamos criado desde cachorro y me hizo caer. Me levanté maldiciendo, tomé otra vez las camperas y retomé mi camino, pero a los pocos metros otra vez el perro me hizo caer. De la bronca, lo agarre y le dije - Estás jodiendo, entonces venís con nosotros a Malvinas- y lo subí al camión.

Al ver el perro, el soldado Cepeda me preguntó asombrado – "¿Y eso mi Cabo Primero? ¿Cómo se llama el perro?"

Entre risas le contesté – "Desde hoy se llama Tom, porque vamos al Teatro de Operaciones Malvinas"

Tom, era un perro sin raza pero que muchos ex combatientes no olvidarán jamás por la ayuda que les brindó durante el combate.


“Fue mi mejor amigo en Malvinas, ¡y yo… jamás olvido a mis amigos!” relata el ex combatiente Omar Liborio, que formó parte del Grupo de Artillería 101, quien además asegura que el perro “se comportó como un bravo artillero” durante las operaciones de combate. Tras pasar unos días en Santa Cruz, Liborio junto a su perro partieron en un Hércules hacia las Islas Malvinas.


Allí Tom advertía a los soldados cuando el enemigo se acercaba pero aún estaba fuera del alcance del ojo humano. “Muchas veces su instinto canino presintió los bombardeos aéreos antes que se gritara la alarma, lo cual manifestaba con ladridos que ya conocíamos” recuerda Ligorio.


"El cariño del animal también ayudaba en los momentos más difíciles a sobrellevar la situación. En Malvinas Tom se comportó como un bravo artillero. Cuando tirábamos con la máxima cadencia de fuego hacia los británicos, él se paraba delante del cañón como el mejor de los combatientes; siempre ladraba y jugaba con aquél que estaba bajoneado en los momentos de calma para darle ánimo; cuando había «alerta roja de bombardeo naval» era el primero en salir del refugio para buscar a los más alejados y el último en entrar a cubrirse. Compartía con nosotros la comida y los soldados le fabricaron un abrigo con los gorros de lana y bufandas.


Pero trágico también fue el destino del héroe canino que murió en las Islas. Durante un bombardeo hubo varios heridos y entre ellos estuvo Tom. “El humo y el olor a pólvora cubrieron el lugar. Como pudimos, heridos, buscamos a Tom y lo encontramos tendido sobre una piedra inmóvil, tratamos de salvarlo, pero fue demasiado tarde, Tom se despidió aquel día con los ojos bien grandes mirándonos y despidiéndose lentamente de sus camaradas” recuerda Liborio y agrega: “allí quedó para siempre nuestro cañón y el mejor testigo de esta guerra, nuestro querido perro Tom. Allá en la fría turba malvinera él es otro bastión argentino, junto a los soldados que dieron su vida por la Patria”.


El 1º de junio de 2014 se inauguró en Ascensión, localidad del partido de General Arenales, provincia de Buenos Aires, el monumento a Tom. En este se ve a un perro negro, sentado sobre una piedra (actitud que adoptaba diariamente allá en el sur) con mirada al frente. A su lado descansa un casco, como símbolo de los caídos, y una cruz, que representa la muerte de este héroe canino con espíritu de grupo.



Geoffrey Cardoz, el soldado británico que asesorará la exhumación de soldados argentinos sin nombre.


En 2008, tres exsoldados argentinos estuvieron en Londres y se reunieron con excombatientes británicos como Cardozo. El último día de la visita, en un taxi londinense, Cardozo les dio un informe con los datos que recabó cuando recogió y enterró los cuerpos argentinos en las Islas Malvinas.



Ahí nació "No me olvides", el proyecto de estos tres excombatientes que ha sido auspiciado por los gobiernos de ambos países e impulsado por personalidades como Roger Waters, cantante de Pink Floyd.

Cardozo, que fue el encargado de reunir los cuerpos y construir el cementerio Darwin en 1982 "Hay un lazo especial entre cualquier soldado, no importa la nacionalidad. Estos soldados de Argentina y nuestros soldados son el mismo tipo de gente. Hablamos el mismo lenguaje porque somos soldados".

Es como si hubiese un punto de la guerra en el que todos los soldados que combaten se vuelven parte del mismo bando. Que los une su condición de humanidad. Que hay algo más allá de la política que al final termina ilustrando que la guerra, o el conflicto, en realidad es un poco absurdo.


Me ponía en los zapatos de sus padres y madres, me imaginaba lo que se debe sentir que no se ha hecho todo lo posible por identificar a tu hijo.





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