No me fui y soy millones

Por Alfredo Grande

   (APe).- A pesar que la luz estaba prendida, la habitación estaba en penumbras. Una vieja bombita de 60 w apenas alumbraba el ambiente. La suciedad de la lámpara colaboraba para la mortecina luminosidad del lugar. Una enfermera ordenaba un armario de medicamentos. No le resultaba difícil, ya que eras pocos y el armario demasiado grande. Siempre imaginó que había tenido otros usos, quizá demasiados, antes de estacionar en la agrietada pared de la habitación 54 del único hospital psiquiátrico de la Provincia. Dos tarugos intentaban hacer honor a su función de sostén, pero era obvio que a la brevedad cederían a la impetuosa gravedad de los cuerpos.