Mon Laferte: la “Normita” de Viña

(APe).- Nació en los días en que Augusto Pinochet enfrentaba las primeras movilizaciones en vivo en su contra. Norma Monserrat Bustamante Laferte tenía 6 años apenas cuando el dictador chileno caía. Ella nació y creció en el pueblo Gómez Carreño, sobre los cerros de Viña del Mar. Hija de padre albañil y de madre “dueña de casa” que salía a trabajar mientras ella era criada por su “abuelita” Norma Herrera Fabres. Que le cinceló los sueños y le repetía una y otra vez “mijita, usted tiene que ser famosa, es la única manera de que no pase hambre”. Su nombre fue vivado en el festival de Viña del Mar y le gritaban no estás sola. A ella, que saltaba en el escenario al grito en comunidad con su gente de que “el que no salta es un paco”.



Reproducimos la crónica de Dai Alcaino para ANRed. Donde queda plasmada la historia de la inequidad de un país en donde la riqueza más obscena se nutre y se sostiene gracias a la pobreza más aplastante. En días en que las calles hierven de protestas y de lucha.Lo que sigue es su crónica:

“Ciudad jardín”, nombre que le ha puesto la burguesía chilena a una comuna que intentan convertir en Miami, pero que choca con la realidad de sus habitantes. De las 164 tomas de tierra que existen la región de Valparaíso, 74 campamentos se encuentran en la comuna de Viña del Mar.


En sus faldas se encuentra el campamento Manuel Bustos, el patio trasero de Viña, el más grande de Chile y que hasta 2018 no tenía ni agua potable ni alcantarillado. En estos cerros también subsiste el campamento Naciones Unidas donde la comunidad Inmigrante ha instalado sus precarias viviendas. Aquí conviven peruanos, venezolanos, colombianos, chilenos y haitianos; cerca de 130 familias que aún enfrentan amenazas de desalojo, incendios intencionales y otros debidos a la falta de suministros básicos.


La comunidad se ubica en el cerro Miraflores de Viña del Mar y se emplaza como la continuación de otros dos campamentos: Villa Los Aromos y Villa El Dorado. La ciudad Jardín no tiene flores para todos; de las casi 40 mil familias que viven en campamentos a lo largo del país, el 25% se concentra en Viña del Mar. La ciudad bella del “Jet Set” pareciera ser sólo el postre de una diminuta porción de población que compra casas y departamentos de veraneo frente al Mar, mientras el bajo pueblo sobrevive en las quebradas y los altos cerros en el absoluto abandono.


El gobierno comunal de Viña del Mar administrado por Virginia Regginato desde hace años no ha sido capaz de poner dentro de sus prioridades la gestión de soluciones reales para la ciudad con más campamentos del país. Sin embargo, sus prioridades han sido destinar millones de pesos en galas para ricos y famosos y en un festival que pareciera ser una verdadera vitrina del despilfarro y del lujo.


El balneario se ha convertido en una bomba especulativa e inmobiliaria. Viña del Mar es el ejemplo más concreto de la abismante desigualdad social que hoy existe en Chile y del país imaginario en el que creen vivir las elites en desmedro de la mayoría de la población, que hoy exige el término de los privilegios de una clases parasitaria que se ha alimentado del apartheid social en el que viven miles de chilenos.


Por esta razón hemos decidido homenajear a la niña Mon Lafert o la “Normita” como cariñosamente le dicen sus vecinos de la humilde población Gómez Carreño ubicada en los cerros de Viña, porque ella representa la realidad de muchos chilenos/as que han sido burlados y violentados por la elite y el empresariado nacional.


Normita nos regaló un sentido y valiente espectáculo que nos llenó de lágrimas al recordarnos que siendo niña “ se cagó de hambre” y que tal como nos confesó en la Población Los Nogales de Santiago (donde se ubica el hogar de Víctor Jara): “Yo no pude ir a la universidad, solamente llegué hasta octavo básico porque no pude estudiar más. No porque yo no quisiera, había que trabajar. Por eso queremos un futuro mejor, por eso estamos en esta lucha, por eso me siento muy feliz. Porque siento que hay esperanza y eso no tiene que parar. Pongo a disposición mi voz para el pueblo”.


Normita del pueblo, gracias por preservar nuestra cultura y hablar en nombre de los pobres de nuestro país.

Nunca más solos

Nunca más sin el pueblo.

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