Maléficos II: los señores de la guerra

Por Alfredo Grande

(APe).- Ni el debate del final te va a salir. Recordé que en el programa A dos Voces debatieron Filmus, Macri y Telerman. Lo que podría haber sido el triunfo del progresismo contra la derecha, fue la derrota por haber dividido el voto y el debate furioso fue entre Filmus y Telerman. Macri reía. En el último stand up “los 6 grandes del mal humor” vimos la reivindicación del genocidio, el macartismo del candidato que “mejor estuvo”, y las acusaciones bumerang sobre la corrupción. Una de las facetas del capitalismo financiero y la economía feudal de mercado, es que es más grave robar que matar.

Las ganancias no se matan, pareciera que gritaran los gerentes y generales del saqueo. Desesperados por los saqueos minoristas en Chile, logran encubrir el Saqueo Mayorista. Durante años, el temor de la partidocracia gobernante era “no volvamos al 2001”. Y los mismos que admiran la lucha de chilenos, ecuatorianos, catalanes, vascos, (aunque no tanto no sea que la madrastra patria se enoje) son los que mandan al pueblo de la casa al trabajo y del trabajo a casa. En el caso que tengan casa y tengan trabajo. De lo contrario, que se queden nomás en situación y en posesión de calle.


Las opiniones del arco opositor de “secar de gente las calles” hubieran impedido el 17 de octubre, día de la lealtad. O sea: que al menos la lealtad dure un día. No hubo transformación profunda ni cambio fundante sin el pueblo movilizado. Ahora esperar a su majestad las urnas y a las cuasi monedas que algunos llaman boletas partidarias. Primer turno: las PASO, negadas como plebiscito y por lo tanto, neutralizadas en su poder vinculante. Segundo turno: ahora va en serio. Voto secreto, universal, obligatorio con eventual fraude electrónico. Aunque no solamente.

El fraude político y cultural es sostener años de saqueo, estafa, masacres varias, robos calificados agravados por el vínculo. Por el vínculo republicano, quiero decir. En el stand up quedó en superficie que la derecha pornográfica quiere su lugar en el mundo pestilente de la representación ciudadana. Como todo se corrió a la derecha, la derecha también se corrió a la derecha y chocó con el muro de piedra del fascismo. Enfrentar al fascismo desde las casas y refugios laborales, echa por tierra con los héroes de la lucha contra el franquismo en la España de Morir en Madrid.

Algunos dicen que los argentinos y argentinos no salen a la calle por la expectativa electoral. Desacuerdo totalmente. Hace dos años las elecciones habían pasado, el pueblo salió al menos 10 veces a la calle y la canalla partidocrática, sindical y empresarial se dedicaron a boicotear y sabotear todo intento de rebelión. La gran masa del pueblo es amasada por una dirigencia jerárquica que decide cómo, cuándo y dónde.


La obscenidad del hambre no impide la lujuria de los chefs y la lascivia de los delivery de comida. No hay saqueos porque la justicia social devino abstracta, se combate al capital comprando dólares, la soberanía política es un tema de cancilleres y virreyes y la independencia económica está “off shoreada” en 400.000 millones de dólares que hacen turismo financiero en el exterior.


Saquear un supermercado, que es una forma de justicia por mano propia alimentaria, es sinónimo de barbarie. El hambre es sinónimo de una ley de emergencia alimentaria. Pero las leyes no se comen. A pesar de las suculentas dietas de los legisladores. Por eso el stand up más aburrido de la historia se permitió algunas licencias teatrales. Titanes en el ring emocionaba más. Las magras participaciones, tal como están coucheadas, esterilizan la política. La ideología dio paso a la investigación del micrófono oculto del presidente. Tiene más importancia el machete electrónico que la impunidad del poder y la licencia para “gobersinar”. Pero seguimos olvidando la que la derecha siempre tiene razón, aunque sea una razón represora.


El presidente de Chile dice: “estamos en guerra” Y se preocupa con fundamento. Antes estaban en la impunidad del crimen de la paz y era Chile el vellocino de oro trasandino. Y desde ya que los rebeldes son alienígenas. Les han robado las tierras, las aguas, los aires. El glifosato será sentencia y condena. Han empetrolado al planeta. Pero cuando el petróleo les mancha la alfombra, quieren revertir el proceso con un reformismo pusilánime. Carlos Pagni, columnista de La Nación, algo asi como el Horacio Verbistky de la derecha, descubre en un editorial la lucha de clases. Obviamente, señalando que es un arcaísmo. Pero al menos pudo decirlo sin seguir metiendo como ñandú la cabeza en la grieta. Y este en nuestro nudo gordiano, espada de Damocles o talón de Aquiles.

El inconsciente, fundante de toda subjetividad, incluso de la revolucionaria, está estructurado desde la alianza de clases. Y esa alianza de clases tiene nombre: familia patriarcal. Los liderazgos mesiánicos, un poco más, un poco menos, defienden la tradición, la familia y la propiedad. Privada, es obvio. Mientras la familia patriarcal y diría mientras la familia como dadora de subjetividad no sea destruida (deconstruida suena mejor, pero es destruida) los maléficos seguirán reinando. Serán los señores de la guerra, guerra que termina enfrentando a los hermanos hasta consumar la traición de clase. Esto no se arregla con un debate stand up, ni votando cada dos años, ni sosteniendo una representación trucha, berreta y carísima. No tengo la solución, a menos que pensemos que la solución es también poder entender cuál es el verdadero problema.


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