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Los obreros a principios de siglo


El niño


En los establecimientos que tienen maquinaria vieja se hace un abuso o mejor, se comente un crimen, que no puedo silenciar.

La carga de la carne se hace por medio de un ascensor en plano inclinado, y como no tienen bordes que la mantengan, sobresale al llegar a la cumbre. Para ponerla dentro se colocan tres niños a cada lado. Recuerdo haberlos visto, chiquilines de diez años a doce y algunos de ocho años, y me dicen que es ahora como antes.

Estos niños, al menor descuido, caen y se rompen las extremidades o se mueren: lo mismo da.

Ahora se les hace el beneficio de prohibirles el poncho, causa de numerosas desgracias; más como el trabajo es en el invierno crudo, la bronconeumonía da cuenta de muchos; pero esta cuenta se salda en el hospital, si una curandera no se encarga de acelerar el viaje del chiquillo al otro mundo.

Aún se le conservan doce horas de trabajo y se les pagan de 6 a 12 pesos al mes, con ración.

Los defensores de menores y los jueces no saben esto; pues de saberlo no creo que cayeran en la complicidad de tolerarlo.


Trabajo de la mujer


Pero donde se ve el estrago en toda su fuerza es en la mujer.

En el primer rancho en que entro encuentro una antigua sirvienta que tuve allí; ella lava, la hija plancha, y una niña, les ayuda.

Por el lavado se paga un peso la docena, poniendo la lavandera los útiles; por el planchado liso, el mismo precio, y por las camisas con lustre, 20 a 25 centavos, según las casas; el almidón les cuesta un peso el kilo, el bórax dos, alcanzarían a comer si hubiera trabajo seguido, pero raramente tienen más de cuatro días por semana.

La hija plancha en las peores condiciones, carga su cuerpo sobre la plancha de tal manera que su esternón está vaciado, tiene una gastritis crónica y su color azafranado revela el estado del hígado; no está en estado de poder continuar en ese trabajo, pero me dice: ¿Y en qué me ocupo señor? Si no trabajo, las tres nos morimos de hambre.

Ahora, paran puchero cuando hay; si no hay, lo pasan con mate, pan y frutas: el zapallo asado les suple mucho, si no, no podrían vivir. Las dos son viudas (la madre me consta que no fue casada, pero paso de ello), no tienen más amparo que su trabajo.

Visten miserablemente y tiene una cama de tientos y palos de tala, una especie de colchón flaco como una colcha y otra camita para la niña, tres sillas de madera y cuero, dos estampas de santos y una mesita de pino y la mesa de planchar, dos braseros y las cuatro planchas constituyen el utilaje; olvidaba una caja de madera donde guardan su ropita.

La pobre vieja recuerda nuestros tiempos; se ganaba poco menos, pero rendía mucho más; la vida no era tan dura.

Le pregunto por el ama de uno de mis niños, murió tísica y la hermana murió tísica y la madre también; tres niños se les murieron y queda una muchacha recogida por una tía y ya está tísica también. Una Familia acabada por la tuberculosis

Voy a otra y otra y siempre es lo mismo; flacuras y miserias y hambre. La costura no da nada; cuando alcanzan a ganar 70 u 80 centavos es una triunfo y eso no sucede siempre.


Sweating system, el ferrocarril


Tengo judicialmente probado que hay compañías que rebajan los sueldos, sin más avisos que la liquidación interna el día de pago; abusos inadmisibles, que altera las bases fundamentales del contrato, sin la anuencia de las dos partes. Esto ha sido causa de más de una huelga, cuya justicia no puede ser puesta en duda por quien tenga la noción más rudimentaria de la moral y de la ley.

Desde hace dos o tres años ha entrado en varias compañías como una fiebre de ahorro sobre el trabajador, que las induce a extremos lamentables, tanto para el país como para ellas mismas; la supresión de las tarifas de concurrencia, precisamente cuando las mayores utilidades hacían esperar la rebaja de ellas, las condujo a convenios reprobados por la ley.

Después, se vino las fusiones, por su naturaleza ya peligrosa, para nosotros imposible de tolerar; primero, porque los privilegios, ventajas y excepciones concedidos a alguna de ellas, forzosamente se prolongan a las demás, defraudando directamente al Fisco en sus rentas de Aduana y al público en las tarifas y servicios; y segundo, porque las democracias no pueden soportar ni vivir bajo la acción de grandes capitales, que no estén en manos del Estado. Así sucumbieron Grecia y Roma, y así se amenaza ya a la democracia norteamericana.

Así, señalamos que hace veintiún años tenían 100 pesos de sueldo, que era en oro, han quedado reducidos poco a poco, a 100 en papel, y cuando se ha creído poder separarlos, aprovechando la ocasión de poner en su lugar a uno que trabajara por 70 pesos, se le ha despedido sin piedad; pero hay más; el reglamento inicial de una empresa prometía a sus empleados la jubilación a los treinta años de buenos servicios; un contador, que en veintinueve años, cinco meses y días, no había dado lugar a la menor queja, es despedido por razones de mejor servicio; evidentemente para burlar sus derechos legítimos.




Juan Bialet Massé, médico español autoexiliado después del fracaso de la Primera República, se radica en nuestro país en 1876, donde emprende una tarea en consonancia con sus ideales. El gobierno le encarga, por decreto de enero de 1904. La verificación de las condiciones generales de trabajo en el país, con el objetivo de elaborar la legislación obrera pertinente.


























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