Lo que tiró Bullrich por la ventana

Por Claudia Rafael


(APe).- Dónde se para el poder si no es, con una vulgar sistematicidad, del lado de los victimarios. Qué sitial para tatuar su nombre en la Historia –esa que se escribe con mayúsculas- eligió Patricia Bullrich Luro si no es el de los uniformados a sus órdenes. Los que se ceban ante el grito feroz que dictamina perseguir a los ninguneados, a los insurgentes, a las semillas de futuro rebelde. “No voy a hacer la injusticia de querer tirar a un gendarme por la ventana”, leyó, en el acto formal, con esa voz que modula apenas, las letras grabadas en el sable dorado por la gendarmería nacional para su santa y defensora. Frase con la que ella prepeó a la sociedad cuando el cadáver de Santiago Maldonado aún no aparecía.



El sable dorado para esa mujer que cada vez que alzó la voz fue para iluminar a las instituciones hacia obediencias debidas. Y que aplaudió golpizas, balazos, persecuciones. Que ofreció abrazos en los hospitales por rasguños recibidos por los verdugos y dio la espalda mientras señaló con el índice del odio de clase a los niños villeros, a los trabajadores en huelga, a los heridos o muertos por el fácil gatillo nuestro de cada día.

No es casual la frase grabada en el sable. No lo es tampoco la media sonrisa de Patricia Bullrich Luro a escasos días de dejar su puesto de mando. Para el que incluso se disfrazó ella misma de uniformada a sus propias órdenes. Las órdenes que le vienen de lejos. Que le resuenan como ecos para redoblar apuestas y vencer a como sea a los señalados por su estirpe. La del noble apellido de la oligarquía nacional. La que por vericuetos de la genealogía llega incluso al gran símbolo del asesino de los pueblos originarios que implantó la palabra desierto para reemplazar los nombres y las historias de los habitantes del origen. No es azarozo que ella lleve en sus venas sangre de Julio Argentino Roca.

Esa frase, ahora eternizada en el sable, nace de las entrañas mismas de la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado en donde claramente la super ministra de seguridad se paró junto a los gendarmes, señalados por su responsabilidad en el destino del joven anarquista.

Como se paró junto a Chocobar, el que asesinó a Juan Pablo Kukoc de un balazo y a pesar de que el policía estaba imputado por homicidio fue llevado por Bullrich y recibido con honores en la Casa Rosada.

Como avaló a los gendarmes que reprimieron e hirieron a los pibes integrantes de una murga en la villa 1-11-14 y pronunció: “Vamos a defender a todos los efectivos, no dejaremos que los ataquen con tanta impunidad”.

Patricia Bullrich Luro, la misma que cada tanto se hunde en el ostracismo para luego regresar con la impostura de los verdugos y buscar la gloria en el dolor de los desarrapados, se irá con un sable dorado que invoca ese lugar en la Historia que ella se supo construir. Con la provocación en los labios apretados. Con el orgullo que empuñan –como a un sable dorado- los que se sienten dueños del mundo y salen a patear con una sistematicidad obscena el tablero de los eternamente postergados. Hasta que ya no.

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