Altalef: “Hay que soportar que los seres humanos somos falibles”

El kinesiólogo e integrante del equipo de cuidados paliativos del Hospital Alemán y del Hospital Durand, Oscar Altalef, explicó en #Desmalezando la importancia que tiene la implementación adecuada del proceso llevado a cabo por los cuidados paliativos como así también las diferentes implicancias del modelo médico hegemónico en Argentina.


“Cuando decimos modelo médico hablamos del modelo, de una visión acerca de cómo se instrumenta la salud. El modelo hegemónico médico es biologista, utiliza la biología y, según de donde venga si más del Norte del país y dependiendo su línea ideológica, le encanta encontrar la genética en todo, le encanta explicar todo biológicamente para dejar la subjetividad afuera. Es decir, biologizar todo los convierte en algo que se puede medir, razonar, anunciar y creerse que lo ha entendido, cuando la realidad demuestra rotundamente que entendemos lo que podemos y otro montón de cosas se nos escapan. Entonces, ¿qué lugar vienen a ocupar los cuidados paliativos? Casi todos los grupos de cuidados paliativos que intentaron instalarse por razones médicas, psicológicas, humanística en una institución que financian, es decir, puede ser del estado, de una prepaga, puede ser una mutual, a ellos no les interesa, con lo que esto demuestra que ahorran dinero. Estoy hablando de un modelo, de una cosmovisión, es un modelo que excede a los individuos, muchos de nosotros tenemos rasgos que por ahí no queremos tener, pero nos formamos así y hay que hacer lo posible por deshacerse de esto”, señaló Altalef.


“Al referirse desde su área de trabajo, el kinesiólogo explico que “en cuidados paliativos podemos insertar con lentitud a ver qué podemos hacer “con lo que hay”, es decir, el rédito, el ánimo, la fuerza, la capacidad funcional del sistema nervioso, y es ahí que podemos hacer rehabilitación aunque parezca un contrasentido porque estamos un poco más acostumbrados a que se dé una lesión y, de la mano, aparece la rehabilitación que llega hasta donde llega, pero este caso en realidad es en caso contrario, acá hay una evolución que progresa”, mencionó el especialista en tanto reflexionó que “en algún momento lo terapéutico es dejar de hacer, en lugar de seguir haciendo, lo que no quiere decir dejar de estar, es decir, estar ahí y aceptar internamente (los integrantes del equipo) no siempre tener una respuesta, muchas veces escuchar lo que el otro dice o no pero soportar no tener siempre una respuesta ni técnica ni humana ni de ninguna índole, hay que saber soportar qué somos falibles y lo inevitable del proceso en el que estamos involucrados”.


Lo que nosotros hacemos y nos proponemos en los cuidados paliativos no es prolongar ni recortar la vida, sino que el tiempo que quede sea mejor en todos los términos posibles. De hecho, un indicador para evaluar la eficacia de un equipo de cuidados paliativos es el número de personas que fallecen en su domicilio, esto significa que cuántas más personas fallecen en el domicilio mejor se interpreta que ha trabajado es el equipo de cuidado paliativo. Por otra parte, el modelo hegemónico es difícil de poner en falla porque se presenta a sí mismo como inexorable, inevitable, como 'la verdad', es decir, no hay ninguna posibilidad de interpretar otra cosa que no sea una alteración si se quiere genética o de neurotransmisora”, expresó Altalef.


Por otra parte, el kinesiólogo reflexionó acerca de distintas clases de actitudes frente a la muerte, en tanto “al tener la noticia, se le tiene que encontrar la vuelta para seguir más o menos sanos, pero cuando existe un diagnóstico que nos lleva a esta certeza ya sea porque nos lo dijeron formalmente o porque lo vimos en nuestro cuerpo, existen tres actitudes: cuando una persona se involucra tan racionalmente que terminan sabiendo más que nosotros y en realidad la pasa muy mal porque todos tenemos algún mínimo síntoma, no hay ni un día en nuestra vida que estés libre de síntomas físicos, por lo que cuando es un diagnóstico bravo como estos, cáncer o lo que sea, y tiene algún anuncio de que es el final, cualquier síntoma se va a asociar en esas personas directamente al diagnóstico. Entonces, es una pesadilla porque es una nueva señal de que caí, que progresa, que se acerca al final del dolor y un sufrimiento. Otra actitud se relaciona con las personas que desoyen los consejos de los profesionales, que no hacen los controles, no toman la medicación, se abandonan por completo, y también la pasan mal porque todos los síntomas que se podrían paliar, atenuar con diversos recursos farmacológicos y no farmacológicos, no pueden acceder a esto y también la pasan mal. Y existe una tercera categoría que son las personas que yo considero sabias, que son los que niegan lo justito. Niegan un poco, pero a su vez hacen todo, con lo que con estas personas comprobamos rotundamente que no sólo vive mejor el tiempo que les queda, sino que también viven más tiempo, porque se trata de poder percibir, de introducirse en lo que no se puede medir en lo que permanece fuera de las predicciones, de las mediciones, de las estimaciones, de los promedios”.


“Para la Organización Mundial de la Salud hasta hace unos 10 años la indicación de los cuidados paliativos era que la expectativa de vida de una persona era de 6 meses pero los últimos años se decidió que era mucho mejor que las personas continúen con algún tratamiento que tengan pretensión de curativo pero que ya tengan un equipo de cuidados paliativos asistiéndolos por dos razones: primero, esto de no poder conocer cuando alguien va a morir, de hecho, desde cuidados paliativos desoír el pronóstico porque sino trabajamos en términos de que se cumplan y no en términos de asistir; y segundo, para que los pacientes no sientan lo que muchos refieren cuando no hay una imbricación de todavía de un equipo con pretensiones "curativas" y un equipo de cuidados paliativos”, explicó Altalef.


El kinesiólogo entiende que “se trata de no entorpecer un proceso sino de sanarlo, no se trata de ponerme como prioridad”, en tanto diferenció las distintas definiciones de “síntoma” y “signo” en los distintos campos de la salud: “Para la psicología, síntoma es lo que el paciente traiga como dificultad, lo que presente, lo que le diga que le pasa; para la medicina ortodoxa está bien diferenciada la cuestión entre síntoma y signo, el síntoma es lo que el paciente dice que le pasa y el signo es lo que tiene objetividad absoluta. Sin embargo, los kinesiólogos estamos a mitad del camino porque si bien estamos formados por el signo y el síntoma como dos cosas bien distintas, a la vez nos interesa cómo cuenta ese cuerpo que está expresando. Corremos el riesgo de salirnos del rol, pero nuestra mirada del cuerpo es la que estudiamos, la anatomía como también entendemos que el cuerpo tiene otras implicancias, el cuerpo también es el simbólico, es el que se expresa a través de un síntoma, es entonces que nuestro pensamiento, discurso, accionar está un poco a mitad de camino entre estos dos presuntamente distintos discursos del médico y del psicológico. Estamos en el medio y por eso nos llevamos bien con los dos”.


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Redacción: Paula Serrichio

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