Roig: “La irracionalidad es la nueva forma del autoritarismo: ya el poder hablar es un logro”

El Presidente del Directorio del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), Alexandre Roig, pasó por #Desmalezando y comentó algunas ideas para comenzar el tránsito político de un año electoral a partir de las distintas relaciones de fuerza.



En primer lugar, Roig explicó que “en la práctica y en el discurso del presidente está muy presente la idea de tranquilizar y de fortalecer la economía, esto tiene que ver con pruebas muy concretas y dar una serie de elementos que permitan construir un imaginario del futuro sobre la base no de promesas sino de elementos concretos evaluados en tiempo presente. Está claro que, en este contexto de pandemia, las pruebas de las mejorías materiales son mucho más difíciles de concretar, por eso es importante redoblar en esfuerzos para poder transmitir a la sociedad el camino que se está transitando, que es un camino de trabajo y producción. Porque cuando el presidente insiste en esa idea de que la salida es por el trabajo y la producción es otra forma de decir que la salida no es en base a la esperanza de supuestas inversiones que vendrían en algún momento, o peor todavía lo que sería un capitalismo financiero que tiene muchas promesas que nunca cumplió. Me parece que es pertinente analizar en esos términos a pesar de que la pandemia dificulte que esas pruebas sean tan concretas”.


Por otra parte, el investigador del CONICET mencionó que “una de las cosas que vivimos no solamente en Argentina sino en el mundo en general tiene que ver con aquello que va más allá de la credibilidad de la palabra, lo que es aquello de la palabra autorizada, quien puede hablar de qué tema y bajo qué formas. Durante la pandemia, fue lo que era la palabra médica o científica, inclusive el discurso científico fue muy prudente y, a pesar de ello, hubo muchos actores que se adjudicaban una autoridad para hablar de vacunas, de epidemiología. Estamos viendo una crisis de la autorización de la palabra y eso genera efectos en la sociedad, lo cual es difícil estabilizar un discurso común sobre la realidad que estamos viviendo, al punto tal que hay grupos que cuestionan si la tierra es o no redonda: no lo digo en tono de burla, sino que lo digo como que lo tendríamos que tomar como un síntoma muy serio de las dificultades que tenemos en las sociedades contemporáneas para encontrar un discurso racional que nos permita tener algunos acuerdos mínimos sobre cómo interpretar el mundo y cómo también nos situamos”.


En este sentido, el académico expresó que “tiene que ver con como sociedad promovemos instituciones que permite justamente autorizar la palabra. Nosotros tenemos instituciones que son creíbles, por ejemplo: las universidades, o algunas palabras de personalidades importantes como el Papa para muchos sectores de la población. Hay que pensar una institucionalidad de la palabra creíble, lo que significa que no es un problema de comunicación sino de cómo se organiza en una sociedad las instituciones que permiten decir si esa palabra es creíble o no. Me parece que tenemos que poner en escena, en debate público, cómo se hace para poder tener palabras autorizadas, y eso implica instituciones creíbles por la sociedad y, sobre todo, que los propios cuerpos produzcan sus propios mecanismos de validación de su palabra. Me parece un camino importante las institucionalidades propias a cada campo que autorice la palabra y poder trabajarla colectivamente”.


Por lo tanto, Alexandre Roig explicó que “la irracionalidad es la nueva forma del autoritarismo, en el sentido de que lo propio del proceso democrático es organizarse en torno al debate racional, y un debate racional que moviliza la reflexibilidad. Porque uno al decir una palabra autorizada tiene que ver con un proceso en donde el propio cuerpo reflexiona sobre la propia palabra, la invitación del presidente a la reflexión es una invitación a la reflexibilidad, es decir, pensarnos nosotros mismos. Lo propio de la democracia son sociedades que se piensan a sí mismas y eso implica que uno de los principios fundamentales es la razón. Creo que hoy en día estamos en una etapa la cual el autoritarismo, yo no hablo de derecha sino de autoritarismo, termina apelando a la irracionalidad para asentar su poder, y eso lo vemos en muchos lugares del mundo con lo cual se termina redefiniendo los territorios de la política. Hoy estamos al lado de actores de derecha que tienen una estructura racional con los que podemos debatir, pero por lo menos estamos en el mismo terreno de racionalidad, y después hay actores que son totalmente irracionales y no hay punto de acuerdo, negociación, diálogo; no puede haber disputa si no hay razón. Una de las cosas que está ocurriendo en Argentina y en el mundo también es que los territorios de la política se están desplazando, no exclusivamente en un eje de derecha, sino en un eje razón y racionalidad y eso recompone el campo de fuerza que hace que, a veces, uno se encuentre con más cercanía con alguna persona que ideológicamente está de la vereda de enfrente, pero por lo menos se puede dialogar. A esta altura, en desarrollo civilizatorio, ya el poder hablar es un logro”.


Frente al año electoral, Roig mencionó que “es muy importante convocar a la razón y a la reflexión con todo el espectro político y es muy importante también que podamos señalar la irracionalidad y la irreflexibilidad que hace tanto daño a la sociedad. La sociedad se puede volver invivible si se ordena en torno a la irracionalidad porque abre la puerta a un conjunto de monstruosidades que es muy probable que se les escape de las manos de los propios gestores de esa monstruosidad, ya nos ha pasado en la historia y es importante que estemos atentos a eso”.


En tanto, el presidente de INAES fundamentó que “la acción colectiva en la calle es todo lo contrario de la acción irracional. Para organizar una marcha, se necesita un dispositivo organizativo y reflexivo muy sofisticado, entonces, contrariamente a lo que se piensa en la opinión pública, las organizaciones populares y movimientos sociales que tienen una práctica de presentación en la calle son sujetos sumamente racionales y, porque son racionales, movilizan la presencia, entre otras cosas, porque la presencia se moviliza cuando no funciona la representación: si ésta funcionara, no sería necesario estar en la calle. Me parece que el punto central de la democracia representativa es que su problema es que nunca logra representar el todo de lo social, siempre hay algo que escapa a la representación, por eso toda representación es imperfecta y, a su vez, necesita de la presentación que es la calle. En ese sentido, las organizaciones populares son instituciones reflexivas, están cercanas a la experiencia concreta de gran parte de la población y por eso su práctica muchas veces expresa una interpretación particular en un momento histórico, expresan lo que por ahí la reflexión académica capta a posteriori”.


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Redacción: Paula Serricchio

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