LA DEMOCRACIA AGONIZANTE Y LA LÓGICA HUMILDE DEL CORAZÓN

Ayer, cuando me disponía a escribir sobre el Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico, silencié el canal en vivo de CLACSO en YouTube, pero lo dejé abierto. No soy bueno para escribir con ruido de fondo, y menos si se trata de personas diciendo cosas que merecen atención. Con la PC en mute, veía cómo el público presente se seguía abanicando igual que el día anterior, dando cuenta de un calor que se había instalado en la Ciudad de Buenos Aires. De acuerdo al cronograma oficial, hablaría José Mujica, referente humanista que gobernó Uruguay entre 2010 y 2015 pero que desbordó las barreras de su país, haciéndose líder de una manera de pensar. Finalmente, el Pepe se bajó del encuentro, y no quedó muy claro por qué. Su participación, seguramente, habría continuado un tejido discursivo que se había venido enhebrando desde el lunes y que tiene que ver con eso que Gustavo Petro llamó “biopolítica”, es decir, la voluntad determinante de dejar de mirar para otro lado cuando se trata de cuestiones medioambientales y de involucrarse políticamente defendiendo la Naturaleza. Por mi parte, me tomaré la licencia de escribir “Naturaleza” en mayúscula, obviando las recomendaciones de la RAE y sin tener en cuenta lo que esperarían de un periodista serio les puritanes del lenguaje. Sabiendo que no lo soy, escribo como quiero.


No fue el caso de Cristina: esta vez, ella no dedicó ni una palabra a los temas de la ecología. Incluyó un par de propuestas en el fragor de su discurso, como casi siempre hace, pero de otro tenor. Una de ellas fue que dejemos de expresarnos en términos de “izquierdas y derechas”, entendiendo que ese tipo de distinciones resultan estériles en estos tiempos de confusión y de reorganización humana. Agregó que la barrera tampoco debe estar puesta entre los que rezan y los que no rezan, y se sumergió en aguas correntosas cuando arriesgó que el pueblo tiene pañuelo verde pero que, a veces, puede tener pañuelo celeste, y que entonces está en nosotres aceptar las contradicciones propias de lo popular. “Pueblo”, esa fue la categoría que propuso acuñar, en lugar de las obsoletas izquierdas. Recurrió al cine y a la historia cuando dijo que ya hemos visto Good Bye Lenin y que, películas como esa, nos ayudaron a interpretar el fracaso de la izquierda del Siglo XX: un socialismo que se pretendió opresor y que no hizo más que exaltar las ansias de libertad de la gente que bebía diariamente ese licor de la impotencia. “Por eso cayó el Muro de Berlín: porque querían vivir como vivían del otro lado, porque querían consumir con esa misma libertad”. Pero resulta que esta versión del capitalismo, la que sigue obstruyendo la capacidad humana hasta el día de hoy, ni siquiera permite el libre consumo. No se conforma con haber demolido la pared, reduciendo a escombros el fantasma del socialismo, sino que combate con hechos el consumismo que alienta discursivamente. Será por eso que el vicepresidente boliviano, García Linera, habló ayer por la mañana de un “neoliberalismo zombie”, uno que sobrevive de sus antiguos logros y que no logra asir el entusiasmo colectivo de la sociedad; uno de corto aliento, dado que sus representantes no tienen norte, no saben qué es lo que buscan.


Leo un posteo de facebook a propósito del discurso de Cristina, escrito con precisión por el colega Diego Sztulwark, y veo sin asombro algunos comentarios al pie que intentan correr la discusión por izquierda, interpretando que ese “consumo como liberación” propuesto por la ex presidenta es un axioma conservador, porque la emancipación real tiene que ver con tomar las riendas de la propia vida y blablablá. Y sí, es cierto: yo, que me considero una persona medianamente emancipada, no ando consumiendo una barbaridad de cosas; pero sé que, si puedo gozar de esta libertad de elección a la hora de consumir o no consumir, es porque gozo de ciertos privilegios que una enorme cantidad de compatriotas no tiene como opción real. Sin ir más lejos, el haber podido estudiar, el haber asistido a una escuela privada para aprender algunas cosas de este oficio del periodismo. Entonces, sí, claro, podría declarar livianamente que el ser humano se realiza mejor cuando está libre de espíritu, pero diciendo eso le estaría faltando el respeto a todes mis compatriotas que no se dan el lujo de llegar a fin de mes como yo y que tienen problemas serios para alimentar a sus pibes. No hay que ser hipócrita y hay que practicar la pedagogía de la empatía y de la sensibilidad, como dijo Juan Grabois cuando le tocó su turno de hablar: y, si acaso no es posible sentir físicamente lo que siente la otra persona, que sea posible al menos tratar de entender esas dinámicas de vida que atraviesan los demás, y de pensar profundamente en eso antes de abrir la bocota.


Cuando Cristina habla de consumo, no está diciendo que salgamos todes como malón a comprar productos que no nos hacen falta: es porque ella tiene la concepción de que el consumo, cuando se expande prudentemente a través de políticas propositivas, puede funcionar como variable igualadora, dentro de la mierda que sigue siendo este mundo que nos ha tocado en suerte habitar.

Una de las cosas que subyacían en este encuentro que organizó CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales), es la eterna dicotomía de las situaciones urgentes versus los temas intangibles, esos que se pierden en la ranura de los sufrimientos cotidianos. Grabois y Gustavo Petro, dirigente del espacio político Colombia Humana, dejaron bien en claro que el medioambiente ya dejó de ser un tema menor, presente únicamente en la plataforma electoral del Partido Humanista y otras expresiones marginales, y que es una de las claves para interpretar cómo debiera reconfigurarse el escenario de este socialismo latinoamericano que temíamos hubiera quedado atrás, frente al avance neoliberal, pero que vemos dibujarse otra vez, de la mano de Petro en Colombia, de AMLO en México y de lo que nosotres seamos capaces de construir en los países de más abajo, en los márgenes de Brasil: hay muchas expresiones políticas, rebosantes de juventud y feminismo, observando el mundo que vendrá, ancladas en el mundo que está siendo hoy. En Argentina, la propia Cristina Fernández ya avisó que el próximo peronismo habrá de ser “nacional, popular, democrático y feminista”.


Gustavo Petro propone para su Colombia un cambio de paradigma, dejando atrás el sistema extractivista y apuntando a la consolidación de un sistema de producción, que cuestione no solamente la tenencia de las tierras colombianas sino también su sistema educativo, dado que un vuelco hacia la producción nacional requiere estructuras de pensamiento y de conocimiento que, hoy día, no son necesarias. “La sociedad productiva es la única sostenible, ya que implicaría un nuevo relacionamiento con la Naturaleza, mientras que el extractivismo vigente riega el cambio climático y nos pone en las fronteras de la extinción vital”. Ahí es cuando menciona la biopolítica: ahí es cuando habla de un progresismo latinoamericano que tiene la obligación de ligarse a la vida, reivindicando la producción de aguacate por sobre el barril de petróleo, el conocimiento por sobre la renuncia al saber y las energías limpias por sobre las fósiles: agua, sol y viento, como sostén de esa ligazón con la Madre Tierra. “Confiriéndole derechos a la Naturaleza, conseguiremos la base de una nueva vida”.


Nacho Levy, referente de La Poderosa y de su Garganta, tuvo lugar entre los invitados al diálogo y expresó, como siempre, los problemas más urgentes, los otros, los cotidianos, los de las barriadas del sur que se llevan la peor parte de este neoliberalismo zombie que no sabe a dónde va. Pero se cuelga la mochila sin perder de vista la unidad del campo popular, imprescindible a la hora de imaginar un mundo mejor para la inmensa minoría: para ese 99% de la población mundial que no se codea con el poder, que vive lo mejor que puede, que revalida su capacidad solidaria contra todos los pronósticos y que se organiza sobre la marcha, con las herramientas que tiene a mano. Nacho reivindicó a la generación dosmilunera, que está dotando a la clase política del capital humano que necesitaba para leer mejor el sentir popular. Habló también de la vieja lealtad, inherente al peronismo desde que el peronismo tiene memoria, pero no lo hizo en términos de obediencia sino en el sentido de la eficiencia colectiva que tenemos que lograr, si queremos recuperar las riendas de nuestro carruaje.


Grabois, dirigente de la economía popular y del flamante Frente Patria Grande, retomó a Cristina, cuando habló de una democracia burguesa agonizante, de una noción institucional que está pidiendo la extremaunción: “jueces que nadie votó y que hoy intervienen arbitrariamente en los procesos políticos de la región, dan cuenta de esto”. Juan se ubicó entre quienes comenzaron su militancia cuando estaba en el aire esta idea de “cambiar el mundo sin tomar el poder”, y contó cómo ha visto a su viejo lema degradarse, hasta convertirse en una caja de cartón cuyo cartel sugiere “tomar el poder sin cambiar el mundo”. Dentro de esa caja está la politiquería berreta de ver quién va como concejal o quién se queda afuera de la selfie: perversión que allana el camino a las derechas más deplorables. “Cristina hablaba de recuperar la categoría de Pueblo, una categoría histórica, mítica, que no se entiende únicamente con el prisma del capital sino con la lógica humilde del corazón. Una categoría que tiene que ser humanista, sacando del centro al dios dinero y colocando en su lugar a la mujer, al hombre y a la Naturaleza”, dijo Juan el lunes por la tarde, sobre el filo de su discurso. Ayer, al lado de García Linera, estuvo sentado Juan Carlos Monedero, dirigente español, fundador del espacio Podemos. Él dijo que cada comportamiento que tengamos en nuestra cotidianidad debe “anticipar el mundo que queremos”. Que nuestros actos deben hablar por nosotros sobre ese otro mundo que es más sensato, que en parte ya está ocurriendo y cuya prosperidad dependerá de la maña que nos demos como costureros, para seguir tejiendo con el ovillo de las ideas el abrigo de la organización.


Pero, sepamos algo: que mientras ese mundo más humano se está empezando a gestar, nos seguimos ahogando las aguas turbias de esta democracia al borde de la putrefacción. Mientras leen esta nota, hay un periodista de 27 años que está desaparecido. Desde este portal, hemos difundido la convocatoria para reclamar su aparición, que será mañana por la tarde. Estemos atentos, porque es un momento muy delicado el que nos están haciendo pasar.


La pintura forma parte de la obra de Dimitra Milán https://dimitramilan.com/

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