#Inflación #Precios

“No estoy gorda, estoy inflada”, podría anunciar la Señora Argentina sobre un escenario o en una conferencia de prensa. Y al escucharla podríamos pensar, por ejemplo, que pobre señora que no se siente bien, pero como dice que “está” y no que “es”, le responderíamos que “ya se te va a pasar”. Pero… ¿Cuánto tiempo tiene que mantenerse un problema para que dejemos de llamarle “coyuntural” y ponerle el mote de endémico y estructural?


En un nuevo#InformeEspecialde Noticias de Ayer, fuimos a buscar nueve voces, de distintos pelajes y colores, que forman parte de los distintos eslabones del circuito económico (productores/as, comerciantes, consumidores y también analistas) para pensar colectivamente de qué se trata el problema de la#Inflaciónen Argentina. Evocamos también, para hacer esto más jugoso, algunas ideas de “Todo precio es político”, último libro de

Augusto Costa

-ex Secretario de Comercio y actual Ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la PBA-, que recomendamos para lectura de verano o de invierno. Si se quedan manija, hay literatura económica para tirar manteca al techo: Eduardo Basualdo, Mario Rapoport, y siguen las firmas.


En esta primera entrega, como solemos hacer, vamos a arrancar por el ayer. A los mayores de 40 les nombrás la palabra “inflación” y al toque se les viene a la memoria la híper del final del gobierno de Alfonsín. Rosario, feriante de la economía popular, la recuerda con “padecimiento y sin igual a otra”, igual que

Ruben Kaplan Krep

, comerciante que trabaja en una Wine Store -tienda de vinos, en porteño-. El archivo de la serie histórica que mide la evolución del IPC (Índice de Precios al Consumidor) dice que en ese trágico bienio de 1989-1990, la tasa anual de inflación arrojó la friolera de 3079,5 y 2314%, respectivamente. De locos, y encima la cosa no empezó ni terminó ahí.



En realidad, desde la segunda Presidencia de Perón hasta los ’90, Argentina representa sus tasas anuales de inflación con gráficos de barras o de picos: con más de 100% o 150% cuando le ha ido mal, y con 20% o 30% cuando la cosa estuvo más o menos estable. Que nunca significa estable a secas, porque, les contamos un secreto: Estados Unidos y China, países asiáticos y africanos, los de la Unión Europea e incluso la Bolivia de Evo tienen inflaciones del 1, 2, hasta 3% anual; o sea, en 12 meses lo que en estos pagos solemos tener en 30 días.


Última parada nostálgica. El menemismo fue excepción -como en muchas áreas- y mandó los precios al sótano durante casi diez años mediante la ficción de la convertibilidad y el cuento de los precios quietitos. Cuando estalló todo en 2001/2002, además del tendal de muertos y un recordado helicóptero, de repente estábamos en un 40,9% de inflación. Lo último es moneda más conocida: a partir del 2009, el kirchnerismo transitó sus últimos seis años rondando un 25% anual, y estos últimos cuatro años de la era Macri arrojaron un acumulado del 300% en suba de precios.

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