EL SUEÑO DEL INMIGRANTEQuién es -y qué es- Paolo Rocca

El tsunami de denuncias por abusos sexuales, que está poniendo en jaque a la cultura machista y que va a hacer reflexionar a los piropeadores seriales y a los que “se les va” un poco la mano, no es el único arrebato judicial de esta época, por cierto convulsionada. No es que sea un tema central en la agenda de los y las laburantes -en realidad nunca debió haberlo sido- pero, no olvidemos que, ayer nomás, los portales de noticias que en estos días se atragantaron con Thelma, de lo único que sabían hablar era del asunto de los cuadernos. Y resulta que hoy nos levantamos con ganas de meternos un poco en ese lodazal para escribir sobre Paolo Rocca, el capo del holding más grande de Argentina que en breve podría caer en cana.


Los Rocca son Techint, una multinacional ítalo-argentina, la mayor fabricante global -sí, del planeta- de los tubos sin costura que se usan en las refinerías de la industria petrolera. La empresa arribó a estas pampas allá por 1945, en el amanecer del peronismo y de la mano de Don Agostino, abuelo del amigo Paolo. Llegó, habiendo formado parte del IRI (Istituto per la Ricostruzione Industriale) que le permitió a Benito Mussolini poner orden en el sector nacionalizado del acero italiano y apretar las clavijas de los privados. ¿O alguien sigue creyendo que el asunto de las coimas lo inventó Centeno?


Paolo Rocca, hijo de Roberto, hermano de Agostino y Gianfelice, CEO de un grupete que domina algunos miles de proyectos en más de 50 países y cuya fortuna tiene un suelito de 5 mil millones de dólares, y un techito de dos dígitos más: emporio que emplea a 20 mil compatriotas y que contrata de manera indirecta a otro par de miles más. Protegido por Martínez de Hoz en los ‘70, ganador con la privatización de SOMISA (Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina), Rocca es hoy el rostro más sombrío de una burguesía nacional de la que no queda ni el polvo de los huesos.


Pero esta noche se armó el bailongo en la boite del PRO, discoteca deforme de corruptos y arrepentidos, cuadernos e intrigas, causas y procesamientos, y así, de golpe, este hombre poderoso que nadie reconocería si se lo cruza en la verdulería, irrumpió en el cielo de los nabos y está cerca de recibir su bola negra. Se trata de la causa por la estatización de Sidor (Siderúrgica del Orinoco), decretada por el ex Presidente Hugo Chávez en el año 2008. Paolo el Rockero, digo Paolo Rocca, se habría guardado en el bolsillo del saco unos 2 mil milloncitos de dólares, como indemnización, aunque después habría devuelto cerca de un palito y medio gracias a las gestiones de los hábiles funcionarios de nuestro Ministerio de Planificación. El fato cayó en la Sala I de la Cámara Federal, mismo sitio donde se dirimen las desventuras de Cristina Fernández de Kirchner. Calentita la sala.


¿“Se habría guardado”, dije? ¿“Habría devuelto”, tipeé? ¡Al fin hacemos periodismo calificado, como TN! Para qué estudiamos sino, carajo, mierda. Ahora, ¿quieren la posta? Dudamos que al Tano le quepan los grilletes y que vaya a mirar el mundo a través de los barrotes, así sin más. Pero, por otra parte, después del Lava Jato, de Odebrecht y la mar en coche, al final es como dicen les amigues de la pipa: “Impossible is nothing”.



El hombre de la UIA, José Urtubey, se puso nervioso cuando advirtió, semanas atrás, cómo caían las acciones de Tenaris en Wall Street, y espetó que “es mayúsculo el daño que pueden sufrir las empresas. Hay que diferenciar -agregó- a las empresas constituidas por trabajadores de las sociedades que son del empresario”. Lo que quiere decir este flacazo es que somos todos dueños cuando hay que cuidar el culito del patrón, pero que después no le vengan con paritarias o el bono de fin de año: ahí somos el costo que ahoga la producción. Después, por ejemplo, lo tenés a Marquitos Galperín, el CEO de Mercado Libre, sentado junto a Don Paolo en una de sus apariciones más recientes, diciendo que “la reforma laboral es necesaria para los pibes que salen del secundario sin saber cuántos milímetros tiene un metro”. Tiró que oportunidades va a haber, y que seguramente van a estar ligadas al mundo de los servicios, pero que él no sabe bien cuáles son. Bué.


Paolo nunca se va a sentar en tu mesa, es cierto, pero el tipo es tan argento como el dulce de leche y la 9 de Julio. Representa el sueño reprimido de miles, es el espejo de los tanos buscavida que llegaron a estas tierras durante las oleadas migratorias del siglo pasado. Es cierto, un puñado alcanzó la cima nomás: “pocos son los que van a zafar”, decía Pity en Homero. Y en ese rincón de luz están los Macri, obvio. Tal vez escucharon algo sobre que los Macri se lo quieren llevar puesto a su viejo coterráneo para quedarse con el currito del acero, una movida que acordaron -perdón, ¡que habrían acordado!- con Trump durante el G-20 y que incluye sacar a China del medio: un enroque que, hasta ahora, nadie jugó. Pero son tan chiflados, y obnubilados, que puede ser.


Tiene las cosas claras, Paolo. Sigue hablando de Vaca Muerta como oportunidad, dice que produce 4 millones de metros cúbicos por día y que, de acá a unos años, puede ir a 60, luego a 100, cuando el consumo promedio en Argentina es de 140 por día. Es decir, chau importaciones de gas. Y habla de sustituir, de incentivar inversión, de costos, de precio interno. Sabe el Tano. Si hasta no pude resistir la tentación de anotarme una de sus frases:

“La realidad rompe paradigmas por sí sola y tenemos que estar preparades para aceptarlo. Nuestro desafío no es probar hoy que la globalización es buena, sino cambiarla para que sea en defensa de los intereses de la gente”.


¡No me digas que te lo imaginaste al viejo discurseando en inclusivo! ¡Qué ingenio, amigue! Bueno, pero la frase sí es de él, ¡un optimista! Claro, después resulta que el chabón maneja el mayor negociado que tuvo este ispa en décadas y no lo vemos abrirse unas plantitas en José C. Paz ni en Santiago del Estero. La certeza del paraíso de los Rocca se paga con la incertidumbre de millones, no hay vuelta. Lo cierto, por otro lado, es que Paolo anda cada vez más cerca de recibir su bola negra: habrá que ver si sabe jugar al pool. ¿Qué decía la canción? ¡Ah! “Y pocos son los que van a zafar”.


El retorno del hijo pródigo, Rembrandt

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